Nuevo León se ha posicionado como el principal centro de reciclaje de baterías automotrices con plomo en América del Norte, procesando el 75 por ciento de estos residuos peligrosos que llegan a México, según un análisis de las organizaciones Occupational Knowledge International y Fronteras Comunes.
Capacidad industrial dominante
El estado cuenta con una infraestructura industrial que supera con creces al resto del país tanto en capacidad como en volumen de procesamiento de baterías usadas. Desde 2011, la empresa Enertec opera una planta en el municipio de García con una capacidad anual de 252 mil toneladas métricas, dominando alrededor del 75 por ciento del mercado nacional de baterías de plomo.
Además de las instalaciones de Enertec en García y Ciénega de Flores, en la entidad funcionan otras empresas del sector como Corporación Pipsa, Reciclados y Destilados Monterrey, Recicladora Industrial de Acumuladores y Eléctrica Automotriz Omega. En conjunto, estas cinco plantas en territorio neoleonés alcanzan una capacidad de 596 mil 027 toneladas.
En contraste, las otras 15 plantas distribuidas en 11 estados del país apenas suman una capacidad cercana a la mitad de lo que concentran estas cinco instalaciones en Nuevo León.
Importación de residuos y alertas regulatorias
El estudio también revela que grandes volúmenes de baterías usadas son importados desde países como Estados Unidos, Honduras, Costa Rica y Puerto Rico. Solamente Enertec captó más de 171 mil toneladas de estos residuos, mientras que otras empresas como Corporación Pipsa y Recicladora Industrial de Acumuladores también registraron importaciones significativas.
Sin embargo, las organizaciones advierten sobre la falta de un sistema efectivo de rastreo, lo que genera inconsistencias entre las autorizaciones de importación y los volúmenes reales que ingresan al país. Por ejemplo, en 2009 se autorizaron más de 418 mil toneladas de baterías usadas para su importación a México, aunque datos oficiales de Estados Unidos indican que menos de un tercio de esa cantidad fue realmente exportada.
Ante este panorama, las ONG subrayan la necesidad de fortalecer la regulación y supervisión del manejo de estos residuos, debido a los riesgos ambientales y de salud pública asociados a la exposición al plomo.

