Las narrativas contemporáneas sobre Robin Hood están rescatando su faceta violenta y moralmente ambigua, alejándose de la imagen heroica y familiar consolidada en el siglo XX. Esta tendencia revisionista se observa en proyectos como la nueva película ‘The Death of Robin Hood’, protagonizada por Hugh Jackman, y la novela ‘The Traitor of Sherwood Forest’ de la historiadora Amy S. Kaufman.
Una evolución narrativa centenaria
La figura de Robin Hood surgió como una tradición oral en el siglo XII, con las primeras baladas escritas apareciendo dos siglos después. En estos relatos originales, el personaje no era un noble sino un ‘yeoman’ o campesino acomodado, descrito por Kaufman como “un embaucador medieval moralmente ambiguo” y “un pícaro violento e irreverente”. Su principal motivación no era ayudar a los pobres, sino enfrentarse al clero corrupto y a los nobles terratenientes abusivos.
La transformación hacia el héroe benevolente comenzó en el siglo XVI, cuando la nobleza adoptó la leyenda. Para el siglo XIX, los libros infantiles victorianos solidificaron esta imagen idealizada, que el cine del siglo XX, especialmente con la versión animada de Disney de 1973, perpetuó en la cultura popular global.
Revisionismo cinematográfico y literario
El director Michael Sarnoski contrasta su nueva película, un drama oscuro y reflexivo, con la versión de Disney que amaba de niño. En su filme, un Robin Hood anciano y cansado de la batalla niega su propia heroicidad, declarando: “No era un héroe. Robaba y mataba por el placer de hacerlo, nada más”. La trama explora su arrepentimiento y su confrontación con la leyenda que ayudó a crear.
Paralelamente, la novela de Kaufman presenta a una campesina ficticia, Jane, que se une a la banda de forajidos seducida por la leyenda, pero luego cuestiona si esa imagen heroica la ha desviado. Ambas obras buscan personajes más matizados, alejados de la simplificación binaria de héroes y villanos.
Reflexiones sobre el poder y las narrativas actuales
Los creadores argumentan que estas reinterpretaciones no solo son fieles a los orígenes medievales, sino que también dialogan con el presente. Kaufman señala que “el mundo está concentrando el poder de formas similares a las de la Edad Media”. Sarnoski, por su parte, observa cómo sus personajes utilizan las historias como herramienta de poder: Robin para perpetuar violencia y atraer seguidores, y la priora bondadosa para sanar.
El director conecta esta dinámica con la era contemporánea, afirmando: “Estamos completamente inmersos en narrativas en este momento, entre las redes sociales, internet y todo lo que nos rodea. Nos apresuramos a encasillarnos en bandos y en tribalismos, a crear héroes y villanos”. A pesar del impacto de estas versiones oscuras, Kaufman duda que puedan reemplazar la imagen ‘disneyficada’, comparando a Robin Hood con una figura como Santa Claus, que representa algo más grande que su leyenda original.

