La canción mexicana ‘La Llorona’, cuyo origen y autoría se pierden en el tiempo, continúa cautivando a intérpretes y audiencias como un símbolo cultural que ha sobrevivido por siglos. La pieza, surgida en el istmo de Tehuantepec, Oaxaca, y enriquecida con más de un centenar de coplas, es considerada un himno nacional de carácter camaleónico.
Un legado musical colectivo
Artistas como Lila Downs y Ely Guerra reconocen en la canción una conexión profunda con la identidad y el dolor histórico de México. Downs, quien la interpretó en la película ‘Frida’, destaca su ‘fondo espiritual’ y su capacidad para conectar con el público desde una perspectiva mística. Por su parte, Guerra describe que la canción le resultaba ‘conocida’, como si formara ‘parte del ADN de la música’ que es.
El compositor Martín Urieta, presidente del Consejo Directivo de la Sociedad de Autores y Compositores de México, señala que para la legendaria Chavela Vargas esta canción era su himno, y fue ella quien le dio un impulso internacional decisivo. Urieta también resalta la dulzura de la música y la belleza de su interpretación en lengua zapoteca.
Orígenes envueltos en misterio
Rodrigo Bazán, investigador de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, explica que en el Cancionero Folklórico de México se reportan 134 coplas asociadas a ‘La Llorona’. Bazán descarta que el tema esté vinculado a la leyenda homónima de la mujer que llora a sus hijos, considerando esa conexión un ‘salto de interpretación muy rocambolesco’.
Asimismo, rechaza la hipótesis de que se originara durante la Revolución Mexicana, argumentando que el volumen de coplas existente no podría haberse generado en un siglo. En cambio, sugiere que es una canción de la época colonial, anterior a la independencia del país, aunque su fecha exacta sea imposible de precisar.
Una construcción poética secular
Bazán propone entender la canción como un collar en el que, a lo largo de los siglos, diversos cantantes han ido añadiendo coplas como adornos, creando infinitas combinaciones. Esta naturaleza colectiva y acumulativa es la razón por la que no tiene una autoría definida. ‘No hay a quien señalar como el origen’, afirma el académico.
Una pista sobre su antigüedad podría estar en una copla que reza ‘Ayer maravilla fui, llorona / Y ahora ni sombra soy’, versos muy similares a unos del poeta español Luis de Góngora, del siglo XVII. Este ‘roce’ con el Barroco español fortalece la teoría de su origen colonial.
Interpretaciones que la renuevan
La canción ha sido revitalizada por generaciones de artistas. Además de Chavela Vargas, figuras como Cuco Sánchez, en 1943, y Óscar Chávez, en los años 70, le dieron su sello. Más recientemente, Natalia Lafourcade, Ángela Aguilar y Rosalía, entre otras, la han llevado a nuevas audiencias.
Downs relata que, al inicio de su carrera, asumió el reto de reinventar la canción con toques operísticos y jazzísticos, lo que le dio un nuevo poder interpretativo y le permitió comunicar mensajes sobre la cultura indígena. Para ella, ‘La Llorona’ habla de la conquista, del dolor histórico latinoamericano y de la fortaleza de la mujer.
Un himno a la vida y a la pérdida
Ely Guerra, quien participó en 2010 en el disco ‘Bimexicano, Nuestros Clásicos Hechos Rock’ con una versión en compás de 5/4, ve en la pieza un homenaje a la vida y una celebración cultural frente a la muerte. ‘Todos lloramos o lloraremos la pérdida de los que amamos’, reflexiona, subrayando la universalidad del sentimiento que expresa.
Bazán invita al público a explorar las múltiples versiones existentes en diversas plataformas, afirmando que no hay una interpretación más válida que otra. Para el investigador, ‘La Llorona’ es un ‘tesoro nacional’ cuya cualidad camaleónica le ha permitido hacerse inmortal, retratando siempre esa ‘marca cultural’ latinoamericana de cantar sobre ‘amores complicados’.

