A finales de la década de 1970, Paul McCartney buscó una reinvención musical que terminó en una de las experiencias más frustrantes de su carrera. Wings, la banda que había comandado por casi diez años, necesitaba un nuevo rumbo tras el lanzamiento de London Town en 1978. El ex Beatle quería adoptar el sonido más crudo que el punk y el new wave imponían en la escena musical de la época. El resultado de esa búsqueda fue Back to the Egg, el séptimo y último álbum de Wings, lanzado el 8 de junio de 1979 y coproducido por Chris Thomas.
Lejos de ser recordado como un gran proyecto, durante años este trabajo fue considerado un fracaso por el propio músico. El proceso de grabación fue extenso y desgastante, durando casi ocho meses. Durante ese periodo, la banda grabó en distintas locaciones, incluyendo el castillo de Lympne en Kent, y pasó tanto tiempo en el estudio que Denny Laine, integrante del grupo, admitió públicamente estar “desesperado” por salir de gira.
Crítica y recepción comercial
Cuando el disco salió a la venta, la crítica fue implacable con su intento de adoptar la estética new wave. En lo comercial, obtuvo el peor rendimiento de Wings desde su debut, alcanzando el puesto 6 en el Reino Unido y el 8 en el Billboard 200 de Estados Unidos. Aunque esas cifras habrían sido motivo de celebración para cualquier otro artista, en el contexto de McCartney representaban un tropiezo evidente.
La autocrítica de McCartney
La autocrítica del músico fue inmediata y contundente. “Los críticos nos dieron duro, pero yo fui particularmente duro conmigo mismo”, reconoció en una entrevista con Reverb. “Recuerdo estar mirando un libro; había un álbum que hicimos, creo que fue Back to the Egg, al que no le fue bien, y recuerdo haber pensado: ‘Dios, un desastre completo'”. Sin embargo, la historia tuvo un giro inesperado: años después, McCartney revisaba ese mismo libro junto a David Bowie cuando encontró el apartado en el que se hacía referencia al disco. “Lo estaba mirando con Bowie en ese viejo libro, uno de esos libros de Hit Parade de quién hizo qué. Lo buscamos y figuraba como el número 8 en América”, recordó. “Y pensé: ‘La mayoría de la gente daría su brazo derecho por estar en el número 8’. Pero era un ocho y yo no estaba satisfecho. Los Beatles habían sido el número uno”, sentenció.

