Una investigación basada en la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) 2018 reveló que cuatro de cada diez habitantes de zonas rurales en México padecen sobrepeso u obesidad, una condición que responde a factores como el rol de las madres, las transferencias gubernamentales y el número de integrantes del hogar, y no solo a hábitos individuales. El estudio, titulado «Sobrepeso y obesidad en el área rural de México», fue publicado en la revista Horizonte Sanitario y analiza un fenómeno que hasta ahora se había estudiado casi exclusivamente en contextos urbanos.
Hallazgos generales y metodología
El análisis, firmado por Elena Fuentes, Ceyla Antonio Anderson y Víctor Manuel Gerónimo Antonio, se basó en datos de la Ensanut 2018, que incluyó cerca de 44 mil viviendas, de las cuales el 24% correspondía a hogares rurales, equivalentes a 7.8 millones de viviendas. Los investigadores calcularon el Índice de Masa Corporal (IMC) y clasificaron a la población en cuatro grupos etarios: niños (5 a 9 años), jóvenes (10 a 19 años), adultos (20 a 59 años) y adultos mayores (60 años o más). Utilizaron modelos logit multinomiales y efectos marginales para identificar las variables socioeconómicas y de salud que inciden en el exceso de peso.
Los resultados generales indican que el 55% de la población rural presentó peso saludable, un porcentaje superior al de las áreas urbanas (49%). Sin embargo, del total de personas con sobrepeso u obesidad en el área rural, el 56% se concentra en el grupo de adultos, con una prevalencia ligeramente mayor entre las mujeres. La obesidad en adultos afecta de forma más alta a las mujeres (15.79% frente a 10.46% en hombres), mientras que en el sobrepeso las diferencias por sexo son mínimas en casi todos los grupos.
Factores asociados por grupo etario
En los niños, el estudio encontró que la edad y la escolaridad de la madre incrementan ligeramente (en un 1%) la probabilidad de presentar sobrepeso y obesidad, contradiciendo la hipótesis habitual de que una madre con mayor escolaridad tomaría decisiones alimentarias más saludables. Por el contrario, el número de hermanos en el hogar reduce esa probabilidad, lo que los autores asocian a una menor disponibilidad de alimento por integrante. Las transferencias gubernamentales (como Prospera, 70 y más, Liconsa o desayunos escolares) también mostraron un efecto reductor sobre el exceso de peso infantil.
Entre los jóvenes rurales, el consumo de tabaco redujo en 21% la probabilidad de sobrepeso, mientras que la preocupación por subir de peso la incrementó en 11%. En la condición de obesidad, esa misma preocupación se relacionó con un aumento del 6%, y una mayor escolaridad materna mostró un leve efecto reductor. El estudio no encontró relación estadísticamente significativa entre depresión y exceso de peso en este grupo.
En la población adulta, ser mujer elevó en 4% la probabilidad de sobrepeso, mientras que la obesidad se asoció con mayor probabilidad en hombres, así como con el diagnóstico de presión arterial (12%) y el consumo de medicamentos (9%). La diabetes diagnosticada, en cambio, redujo en 10% la probabilidad de obesidad, un hallazgo que los autores califican de ambiguo y que sugiere la necesidad de investigaciones futuras. Variables como tener pareja, empleo remunerado o consumo de alcohol y tabaco no mostraron relación significativa en este grupo.
El grupo de adultos mayores concentró algunos de los hallazgos más relevantes. El sobrepeso fue más probable entre las mujeres (12%), mientras que la obesidad lo fue entre los hombres (18%). La depresión incrementó en 5% la probabilidad de obesidad, el consumo de alcohol lo hizo en 10%, y no recibir apoyos gubernamentales elevó esa probabilidad en 3%. La toma de medicamentos incrementó en 16% la probabilidad de sobrepeso en este grupo.
Transferencias sociales como factor protector
Uno de los hallazgos transversales del estudio es el papel de las transferencias monetarias y en especie que reciben los hogares rurales. En niños y adultos mayores, su presencia se asoció de forma consistente con una menor probabilidad de exceso de peso, lo que los investigadores interpretan como un posible efecto sobre las decisiones de compra de alimentos al interior del hogar. No obstante, los autores advierten que se requieren estudios adicionales para comprender los mecanismos específicos detrás de este efecto.
El estudio concluye que las condiciones de salud en los hogares rurales están estrechamente ligadas a las dinámicas domésticas: el número de integrantes, los recursos disponibles y las decisiones de compra de alimentos que toman quienes están a cargo del hogar. En los adultos, el exceso de peso se relaciona más con decisiones personales, condiciones de salud preexistentes y estilos de vida acumulados a lo largo del tiempo.
Los autores subrayan que la mayoría de los estudios previos sobre sobrepeso y obesidad en México se han concentrado en poblaciones urbanas, pese a que las diferencias en estilos de vida y hábitos alimentarios entre ambos entornos son notables. Este vacío limita el diseño de políticas públicas específicas para las comunidades rurales, en un contexto donde el exceso de peso conlleva costos directos e indirectos que comprometen el capital humano y el bienestar de largo plazo de esta población.

