El fenómeno de El Niño presenta una intensidad fuerte en la región tropical del Pacífico y se proyecta que alcance niveles muy fuertes entre los meses de noviembre y diciembre. Este incremento en la temperatura del mar podría derivar en un aumento de la actividad de ciclones, lluvias intensas y periodos de frío en diversas regiones del país durante el ciclo otoño-invierno.
De acuerdo con los análisis de centros climáticos, se han detectado reservas de agua cálida bajo la superficie con temperaturas que alcanzan entre los +10 y +12 °C en zonas específicas. Se prevé que estas condiciones climáticas se mantengan hasta la primavera de 2027, lo que altera la presión atmosférica y la dirección de los vientos, afectando directamente el clima en territorio mexicano.
Impacto esperado en el territorio nacional
Para el periodo comprendido entre el 1 de septiembre y el 30 de noviembre, se espera un escenario de transición climática. Las proyecciones indican un mayor riesgo de precipitaciones fuertes vinculadas a ondas tropicales y huracanes, junto con la llegada de frentes fríos que bajarán las temperaturas en la mitad centro-norte de México.
La distribución de las lluvias mostrará variaciones según la zona:
- Noroeste, occidente, centro, norte y noreste: se anticipa un incremento en las precipitaciones.
- Sur y sureste: las lluvias serán más dispersas.
Aunque los meteorólogos aclaran que no habrá un clima extremo de forma ininterrumpida, sino periodos intercalados de frío o lluvia con lapsos secos, la frecuencia y la fuerza de estos eventos serán mayores que en años con condiciones climáticas neutrales. Esto eleva la posibilidad de inundaciones, crecidas de ríos, heladas y nevadas en zonas de montaña.
Vigilancia ante ciclones y medidas de prevención
La combinación de la actividad en el Pacífico y el fenómeno de El Niño podría favorecer la formación de ciclones con trayectorias que impacten las costas mexicanas entre septiembre y noviembre. En contraste, el Atlántico presenta factores que limitan la formación de sistemas, como el polvo del Sahara y vientos fuertes, aunque la vigilancia en ambas cuencas sigue siendo necesaria.
Ante este panorama, se recomienda a la población y a las autoridades reforzar la preparación mediante la limpieza de drenajes, la revisión de cauces de ríos y la implementación de planes de protección civil para prevenir riesgos por deslizamientos o inundaciones.

