La cinta Allá en el rancho grande celebra su 90 aniversario este 6 de octubre, consolidándose como la obra que dio origen a la comedia ranchera y marcó el inicio de la Época de Oro en la cinematografía de México. Dirigida por Fernando de Fuentes, esta producción estableció una imagen del país que se mantuvo vigente en las pantallas durante gran parte del siglo pasado.
Estrenada originalmente en 1936, la película permitió que actores como Tito Guízar y Esther Fernández se presentaran ante un público que apenas comenzaba a experimentar las posibilidades del cine con sonido. La Cineteca Nacional, que también identifica la obra bajo el nombre de Cruz y la, la reconoce como una pieza fundacional para la industria nacional.
Un modelo de entretenimiento alejado de la realidad política
La trama de la película construye un universo basado en festejos, música, caballos y romances, dejando de lado los conflictos sociales y políticos que vivía el país durante el Cardenismo. En este escenario, la Revolución Mexicana y las reformas agrarias no tienen cabida, optando en su lugar por un México idealizado dentro de las haciendas.
El conflicto central se desarrolla entre José Francisco, interpretado por Guízar en su debut cinematográfico, y la campesina Crucita, personaje de Esther Fernández. La historia se mueve entre los celos y las lealtades de los protagonistas, resolviéndose mediante serenatas y situaciones cómicas en lugar de disputas ideológicas.
El impacto visual y el reconocimiento internacional
Un aspecto destacado de la producción fue el trabajo de Gabriel Figueroa en la fotografía. Gracias a su labor en este filme, Figueroa obtuvo un premio en el Festival de Venecia en 1938, lo que permitió que la película fuera distribuida en Estados Unidos con subtítulos, algo poco común para el cine mexicano de esa época.
Esta estética visual ayudó a fijar una imagen de paisajes rurales y patios de hacienda que se convirtió en un referente para futuras producciones, aunque también proyectó una visión romántica y simplificada de la identidad mexicana hacia el exterior.
Legado de la comedia ranchera
La fórmula establecida por la cinta —que incluye elementos como el charro, las guitarras, el tequila y los duelos— sentó las bases para las carreras de grandes figuras como Jorge Negrete, Pedro Infante y Pedro Armendáriz. La relevancia de la historia fue tal que, en 1948, se realizó una nueva versión protagonizada por Negrete, confirmando la vigencia de su narrativa ranchera.

