La Selección Nacional de México podría encontrar en la altitud de la Ciudad de México y en el Estadio Azteca una ventaja clave para su desempeño en la Copa del Mundo de 2026, según análisis deportivos que destacan el histórico rendimiento del equipo en ese escenario.
Un búnker con récord favorable
Eder Bayuelos, periodista especializado, señaló en su canal de YouTube que hasta 2025 el combinado nacional ha jugado 141 partidos en ese recinto, con un registro de 95 victorias, 38 empates y solo 8 derrotas, sumando compromisos oficiales y amistosos. El coliseo, actualmente conocido como Estadio Banorte por acuerdos comerciales, es considerado un bastión para el Tri.
La lección de 1986 y el desgaste físico
La experiencia del Mundial de 1986, celebrado en México, dejó una enseñanza sobre la importancia de jugar en casa. En cuartos de final, el equipo nacional enfrentó a Alemania Federal en el Estadio Universitario de Nuevo León, tras un cambio de sede, y el partido terminó 0-0 para luego caer en penales. Este resultado generó la duda de qué habría ocurrido si el encuentro se hubiera disputado en la capital. Competir a más de dos mil metros sobre el nivel del mar representa un desafío físico inmediato para los atletas, debido a la menor presión atmosférica y disponibilidad de oxígeno, lo que fuerza al cuerpo a trabajar al doble.
Adaptación y efectos en el juego
El delantero argentino Emmanuel Gigliotti, durante su paso por el Toluca, reconoció este reto al señalar que la principal diferencia con su país era precisamente la altura. Más allá del factor humano, la física también altera las condiciones del balón, que al enfrentar menor resistencia aerodinámica viaja más rápido y con trayectorias menos pronunciadas, un elemento táctico crucial para los estrategas. Este fenómeno no es exclusivo del futbol; en beisbol, partidos de la MLB realizados en el Estadio Alfredo Harp Helú de la Ciudad de México se han caracterizado por una cantidad inusual de cuadrangulares, atribuidos a la menor densidad del aire.

