Una empresa emblemática de bebidas en la Ciudad de México, tras negarse a acatar incrementos salariales y caer en bancarrota, fue adquirida por sus empleados y transformada en una exitosa cooperativa. Este cambio radical ocurrió a partir de una prolongada huelga en la década de 1980, que culminó con los trabajadores tomando el control del negocio tras un litigio legal victorioso.
Orígenes y evolución de la compañía
La empresa, formalmente llamada Pascual, S.A. y conocida como Pascual Boing, fue fundada en 1940 en la capital del país. Inicialmente se dedicaba a la venta de paletas y agua purificada, evolucionando después hacia la producción de refrescos. Sus marcas más reconocidas incluyen Boing!, Pascual y Lulú, respaldadas por personajes publicitarios como El Pato Pascual y Lulú.
Su sede principal continúa en el lugar original de su fundación, ocupando dos manzanas que dan empleo a más de 2,000 personas. Sin embargo, la propiedad de estos terrenos y sus pozos de agua ha sido motivo de disputas legales por más de cuatro décadas.
El conflicto laboral y la transformación
El punto de inflexión llegó tras la crisis económica de 1982. El dueño original, Rafael Víctor Jiménez Zamudio, se negó a cumplir con los aumentos salariales decretados por el gobierno, lo que desencadenó una huelga que duró tres años y medio. Con el respaldo del líder social Demetrio Vallejo, los obreros emprendieron una batalla legal que ganaron después de que se declarara la quiebra del patrón.
Finalmente, los trabajadores compraron los activos de la empresa y crearon la Sociedad Cooperativa Trabajadores de Pascual S.C.L. Aunque rescataron la maquinaria y la marca, los terrenos originales quedaron en manos de la familia fundadora, generando un conflicto de arrendamiento que obligó a la cooperativa a adquirir antiguas instalaciones de Canada Dry en el norte de la ciudad para asegurar su operación.
Expansión y operación actual
Hoy, este modelo de negocio es considerado un símbolo de lucha sindical exitosa. La cooperativa ha consolidado su presencia en casi todo el territorio nacional y exporta sus productos a puntos seleccionados de Estados Unidos y Centroamérica. Aunque ha expandido su infraestructura con plantas en varios estados, mantiene sus raíces en las instalaciones históricas de la Ciudad de México.
Su catálogo incluye bebidas sin gas elaboradas con pulpa natural de frutas como mango, guayaba, fresa, uva y manzana, además de una línea de refrescos carbonatados. Para mantener esta producción, la empresa procesa anualmente unas 20 mil toneladas de fruta y 24 mil de azúcar. Desde 2005, cuenta con una certificación que garantiza que sus procesos están libres de insumos transgénicos, un estándar impulsado en su momento por organizaciones como Greenpeace.

