La cantautora mexicana Julieta Venegas presentó su primer libro, titulado ‘Norteña’, una obra de memorias centrada en su infancia y juventud en la ciudad fronteriza de Tijuana, proyecto que describe como el más extenso y meticuloso de su carrera.
Un proyecto de largo aliento
Venegas, originaria de California pero criada en México, confesó que el proceso literario le demandó más tiempo que la composición musical y que llegó a dudar de poder concluirlo. La artista, que ha escrito diarios y ensayos previamente, encontró en Tijuana el núcleo de su relato, una ciudad que considera frecuentemente malinterpretada en los medios por su contexto migratorio y su cercanía con Estados Unidos.
«La idea de hacer una memoria iba y venía, pero nunca mantenía el interés tanto tiempo; prefería hacer otro disco, pero cuando hice ‘Tiempos Dorados’ con David (Aguilar) me surgieron imágenes de mi infancia y dije: ‘Aquí está mi memoria’»,
relató sobre el origen del proyecto, que coincide con el lanzamiento de un nuevo álbum musical homónimo.
Entre dos mundos
Durante tres años, la artista combinó la escritura con la música, retomando las raíces de su primer trabajo discográfico, ‘Aquí’ (1997), y evocando a su familia, de la que heredó el amor por la música. El traslado a la Ciudad de México en la década de 1990 para impulsar su carrera generó en ella una sensación constante de extrañeza y desarraigo.
Venegas señaló que, tanto en la capital mexicana como durante su estancia de ocho años en Argentina, siempre se sintió “al margen”, una experiencia que vincula con el malestar generalizado en Latinoamérica debido a la falta de estabilidad y certidumbre.
Una memoria, no una autobiografía
La ganadora de un Grammy aclaró que su libro ‘Norteña. Memorias del comienzo’ no es una autobiografía al uso, ni un ejercicio de nostalgia. Lo concibe como una contribución al subgénero de la memoria, necesario en una época que califica de superficial y donde las historias individuales, como la suya creciendo cerca de la frontera, pierden relevancia.
El proyecto final se bifurca en una parte literaria, que requirió un proceso personal intenso, y una musical, plasmada en un disco de doce temas que incluye colaboraciones con artistas como Natalia Lafourcade, Yahritza Y Su Esencia y Bronco, especializados en el género regional mexicano.

