La notable actuación de la Selección Mexicana de Fútbol en el Mundial de 2026, alcanzando los octavos de final sin recibir goles en contra, ha generado un ambiente de euforia entre la afición y ha puesto en relieve la conexión entre el deporte y la fe, particularmente la devoción por la Virgen de Guadalupe.
Devoción en el estadio y en la cancha
En el contexto del torneo, jugadores como Armando “La Hormiga” González han sido observados arrodillándose a rezar ante una imagen de la Virgen de Guadalupe, la cual se encuentra en el Estadio Azteca, sede mundialista. Este espacio fue bendecido por el Papa Juan Pablo II en una de sus visitas a México y, tras la remodelación del estadio, se ha mantenido como un lugar íntimo para la oración de los deportistas antes de los partidos.
La religiosidad y el fútbol plasmados en arte
La Basílica de Guadalupe también ha participado de este fervor relacionado con el Mundial, reintroduciendo a la venta en su tienda el libro “Pasión y Fe. Fútbol, manifestaciones de religiosidad”, editado en 2006. Esta obra contiene una colección de exvotos creados por el artista Alfredo Vilchis, que ilustran la relación entre el catolicismo mexicano y el fútbol. Uno de estos exvotos, titulado “La Reina del Mundial”, representa a la Virgen de Guadalupe coronando un globo que simboliza tanto la Tierra como un balón de fútbol, rodeada de ángeles con los colores de la bandera mexicana.
El libro incluye referencias a jugadores que han manifestado públicamente su fe. Por ejemplo, recoge la celebración del futbolista paraguayo Julio César Yegros, quien durante el Mundial de 1998 mostró una playera con la imagen de la Guadalupana bajo su uniforme, atribuyéndole sus éxitos. De manera similar, otro exvoto de Vilchis muestra al futbolista mexicano Alberto García Aspe realizando un gesto equivalente durante un partido con la selección nacional.
Un legado de fe que perdura
Los exvotos también documentan momentos históricos del fútbol mexicano vinculados a la fe. Uno de ellos conmemora el partido del 11 de junio de 1986, cuando la selección nacional buscaba su pase a octavos de final. El texto relata cómo los aficionados, “sin perder la fe”, aclamaron a la Virgen de Guadalupe pidiendo un gol, el cual fue anotado por Quirarte en el segundo tiempo.
Hoy, estas expresiones de fe han evolucionado desde los exvotos tradicionales hasta manifestaciones contemporáneas, como videos virales de personas santiguando a los jugadores a través de la pantalla del televisor. En medio del éxito deportivo actual, la petición colectiva de los aficionados se mantiene: seguir contando con la ayuda divina para el resto de la competencia mundialista.

