La arquitecta Fernanda Canales plantea la necesidad de rescatar elementos de la vecindad tradicional para mejorar los desarrollos inmobiliarios actuales en México. A través de su obra Vivienda colectiva en México. El derecho a la arquitectura, la especialista propone que los nuevos proyectos dejen de enfocarse únicamente en la velocidad de venta y los costos, para centrarse en la capacidad de los edificios para sostener las rutinas diarias de sus habitantes mediante la diversidad de hogares y espacios compartidos.
El análisis sugiere que los comités de desarrollo deben evaluar las propuestas no solo por su superficie vendible, sino por la funcionalidad de sus plantas. Canales destaca que modelos como la Vecindad Monte Albán demuestran cómo el uso de patios, terrazas y circulaciones abiertas puede resolver problemas de iluminación y ventilación, transformando geometrías complicadas en espacios habitables y diversos.
Más allá de los comercios en usos mixtos
Uno de los puntos críticos señalados es la interpretación limitada de los “usos mixtos” en el mercado actual, que suele reducirse a colocar viviendas sobre locales comerciales. La propuesta de Canales invita a recuperar la visión de conjuntos que integran servicios de salud, educación, cultura y deporte.
Para que estos espacios compartidos funcionen, el texto subraya que se requiere un esquema de operación claro que incluya responsables, presupuestos y reglas de convivencia. Sin un plan de mantenimiento y un uso comprobable, las áreas comunes corren el riesgo de quedar cerradas o perder su utilidad para la comunidad.
Diseño adaptativo y evaluación post-entrega
La arquitectura debe diseñarse pensando en la diversidad de las familias, desde personas que trabajan en casa hasta núcleos con necesidades de cuidado específicas. Proyectos como Vivienda Portales sirven de ejemplo al mostrar cómo un mismo predio puede albergar distintas tipologías de departamentos según sus vistas y alturas.
Finalmente, se propone un método de mejora continua para la industria inmobiliaria: la evaluación de los edificios una vez que han sido habitados. Registrar el uso real de los espacios y las modificaciones que los residentes realizan permitiría que los futuros proyectos tengan plantas mejor resueltas y una convivencia más viable.

