Una nueva cepa del virus SARS-CoV-2, denominada ‘Cigarra’ y clasificada como BA.3.2, ha sido identificada y se encuentra bajo observación por parte de las autoridades sanitarias internacionales. Detectada en más de veinte naciones, esta variante presenta más de setenta mutaciones y pertenece a los linajes derivados de Ómicron.
Síntomas y evaluación de riesgo
Los síntomas reportados en personas infectadas con esta variante son similares a los de otras cepas recientes del COVID-19, incluyendo fiebre, tos, dolor de garganta, fatiga, dolor muscular y de cabeza. Los cuadros clínicos registrados se mantienen dentro de un rango de leves a moderados, especialmente en individuos vacunados, sin que hasta el momento exista evidencia de que cause una enfermedad más grave.
La Organización Mundial de la Salud ha catalogado a esta subvariante como de bajo riesgo por ahora, aunque continúa vigilando su comportamiento, incluyendo su posible capacidad para evadir las defensas inmunitarias y su impacto en la población.
Preocupaciones y contexto de la pandemia
Una de las principales inquietudes entre los científicos es su potencial de evasión inmunitaria, dado su alto número de mutaciones, lo que podría permitirle al virus adaptarse y no ser reconocido rápidamente por el sistema inmunológico. Los expertos señalan que su perfil clínico se asemeja al de otros sublinajes de Ómicron, caracterizados por una alta transmisibilidad pero una menor severidad en comparación con variantes anteriores como Delta.
Desde el inicio de la pandemia, el coronavirus ha generado múltiples variantes clasificadas según su impacto en la salud pública, entre las que destacan Alpha, Beta, Gamma, Delta y la predominante Ómicron, de la cual surgieron diversos sublinajes como XBB, BA.2.86, JN.1 y ahora BA.3.2 ‘Cigarra’, que continúan en circulación y bajo monitoreo en distintos países del mundo.

