La celebración del Día Internacional de la Amistad, este jueves, pone de relieve cómo la experiencia migratoria modifica la percepción y el valor de las relaciones personales, de acuerdo con el testimonio de la mexicana Brenda Hernández y el análisis del psicólogo Jesús Saiz, de la Universidad Complutense de Madrid. Hernández, quien nació en la capital mexicana, vivió más de cinco años en Estados Unidos y desde 2025 reside en Madrid, explicó a EFE que al migrar “la amistad cobra un nuevo significado” y que “cuando estás sola, empiezas a ver que necesitas a otras personas y las amistades toman una importancia más grande”. Antes de salir de México, no había tenido una relación tan cercana con un amigo como la que construyó en EE.UU. con otros migrantes, principalmente colombianos, argentinos y mexicanos.
La red social como pilar de adaptación
Jesús Saiz, doctor en Psicología y director del grupo de investigación Determinantes sociales y culturales de la salud, señaló que afrontar “nuevas situaciones y construir una nueva red social es fundamental para entender las nuevas claves del nuevo lugar” donde se vive, y que las amistades cumplen un papel crucial en ese proceso. Para Hernández, “la intensidad de la amistad cuando estás fuera de tu hogar es diferente, porque los amigos se convierten en tu familia, en tu todo”. Ilustró esta idea al señalar que, en el lugar de origen, no se espera que sean los amigos quienes recojan a alguien en la madrugada en el aeropuerto o lo lleven al hospital, mientras que “siendo migrante, tu número de emergencia es un amigo, siempre”.
El sentimiento de ambivalencia también está presente: Hernández reconoció que sabe que tomó la mejor decisión al migrar, pero con la consecuencia “de estar lejos de las personas que quieres”. Freddy Antonio Orellana, profesional audiovisual chileno que vive en Madrid desde hace cuatro años, compartió su angustia sobre “qué hacer cuando fallezca algún familiar o a alguien le pase algo” sin poder estar presente. Relató que cuando supo del diagnóstico de Alzheimer de su abuela, fue “un golpe” que le hizo preguntarse cuántas cosas más pasarían mientras él estuviera lejos. También le afecta “el no poder acompañarlos en sus procesos”, como no haber podido celebrar con una amiga la finalización de su máster, mientras veía las fotos de la celebración en redes sociales.
El duelo migratorio y sus efectos psicológicos
Saiz explicó que al emigrar se experimenta lo que en psicología se denomina “duelo migratorio”, un proceso que implica cortar “con todos sus referentes” y que “tiene una incidencia muy importante en la salud de la persona”. Aunque cada persona lo vive de manera distinta, el especialista aseguró que “lo normal es que cree ansiedad, depresión” y, en algunos casos, trastornos más graves. “Cuando una persona abandona su país para ir a otro, pone en juego muchos recursos psicológicos y el construir una nueva red social y cognitiva es algo muy costoso”, indicó.
En ese contexto, crear una red social es fundamental y tiene “muchísimas dimensiones”, según Saiz. Además del apoyo emocional, “el hombro que se arrima cuando lo necesitas”, está el apoyo instrumental, como tener quién aloje en su casa en un momento de necesidad, y el “apoyo informacional”, que alguien oriente sobre dónde buscar trabajo o cómo aprender español. Saiz también destacó el papel de la religiosidad, “sobre todo” en inmigrantes latinoamericanos, basándose en un estudio propio de 2022, llamado ‘El impacto de la religión y el apoyo social en la felicidad autoinformada de los inmigrantes latinoamericanos en España’, con 206 latinoamericanos entrevistados en Madrid, donde comprobó que la religión era un elemento útil para encontrar esa red social de apoyo y felicidad. Hernández, por su parte, reconoció que ver a sus amigos de México en redes le hace sentir presente en “su día a día”, pero también le causa miedo a perderse las cosas.

