La ciencia de la epigenética plantea que, aunque las personas heredan un conjunto fijo de genes, estos no determinan un destino inamovible, ya que factores del estilo de vida pueden reprogramar su expresión, según explica el doctor Alexandre Olmos, médico especialista en medicina epigenética en Mallorca, España.
Herramientas para reescribir la biología
Olmos señala que elementos como la alimentación, el estrés, la calidad del sueño, el ejercicio físico e incluso las emociones tienen el poder de influir en cómo se activan o desactivan los genes. Esta capacidad de modificación no solo impacta la salud individual, sino que también puede dejar una huella en el bienestar de hijos y nietos, según los descubrimientos de esta disciplina científica.
“Está en nuestras manos aprovechar esa posibilidad de reescribir nuestra historia genética haciendo pequeños cambios en nuestro día a día”, afirma el médico. En su libro “Activa tus genes”, propone un plan integrado de rutinas para mejorar el bienestar y anticiparse a enfermedades.
Del destino inmutable al cambio diario
Durante mucho tiempo, prevaleció la idea de un “destino genético” grabado en piedra. “Nuestros genes eran vistos como un código inmutable que definía quiénes éramos y quiénes llegaríamos a ser, sin posibilidad de alterarlo”, recuerda Olmos. Sin embargo, la investigación epigenética ha demostrado que esta visión era limitada.
Por ejemplo, los alimentos que se consumen pueden modificar la expresión de genes vinculados al envejecimiento, la inflamación y la longevidad. De manera similar, la actividad física regular puede alterar la expresión génica y fortalecer el organismo desde su núcleo celular.
Prácticas epigenéticas aplicables
Olmos subraya que la epigenética no es un concepto abstracto de laboratorio, sino una ciencia que ofrece herramientas prácticas para la vida diaria. Para ello, recomienda una serie de “potenciadores” o hábitos sencillos con influencia positiva.
Aconseja practicar una exposición matutina al sol combinada con respiración nasal lenta durante diez minutos, ya que esta sincronización activa el eje circadiano-autonómico y regula genes relacionados con el cortisol y la inflamación. También sugiere sustituir la iluminación artificial por luz roja o ámbar al anochecer para favorecer la liberación de melatonina y regular los ritmos circadianos.
Incluir ayunos circadianos de catorce horas, cenando temprano, es otro hábito recomendado. Este estímulo activa genes de autofagia, reduce la inflamación y mejora la sensibilidad a la insulina, lo que Olmos describe como una “reeducación metabólica”.
Conexión con la naturaleza y movimiento
Para optimizar la actividad física, propone incorporar entrenamientos intermitentes en entornos naturales, como combinar caminatas con sprints cortos descalzo sobre tierra o arena. Este contacto con la naturaleza modula genes de estrés oxidativo, mejora la oxigenación y potencia la “memoria evolutiva” del movimiento grabada en nuestros genes.
El especialista concluye enfatizando que la salud es un equilibrio dinámico y que el cuerpo humano posee una capacidad extraordinaria para repararse y adaptarse si se le proporcionan las herramientas adecuadas mediante pequeños cambios sostenibles.

